Cómo nació nuestra tradición de regalar libros
Hay equipos que celebran los logros con pizza, otros con after office… y después estamos nosotros, que lo hacemos con libros.
Hay equipos que celebran los logros con pizza, otros con after office… y después estamos nosotros, que lo hacemos con libros. Sí, mientras algunos eligen un brindis o un regalo corporativo, en Grava lo más probable es que el jefe esté envolviendo un ejemplar de “Rebelion en la granja”.
Cuando pensamos en un detalle para alguien del equipo, buscamos que sea algo que nos represente y que hable de quiénes somos. Y, como nuestra cultura está atravesada por la lectura, gran parte de lo que sabemos, o al menos de lo que creemos saber, viene de los libros. Por eso, compartirlos es nuestra forma de seguir aprendiendo juntos.
La intersección entre lectura y tecnología
En un entorno donde lo técnico suele dominar la conversación, los libros nos permiten ir un paso más allá. La lectura enriquece habilidades blandas, pensamiento crítico y creatividad, competencias que son tan importantes como saber escribir un buen endpoint o mantener una arquitectura escalable.
De hecho, varias corrientes dentro de la ingeniería de software reconocen el aporte de disciplinas externas:
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Creatividad y diseño, impulsadas por la ficción especulativa, que nos prepara mentalmente para imaginar futuros posibles.
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Pensamiento sistémico, entrenado por ensayos políticos o sociológicos que nos ayudan a entender estructuras, relaciones de poder y dinámicas que también existen en los sistemas digitales.
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Resolución de problemas, fortalecida por narrativas que presentan conflictos complejos y soluciones fuera de lo esperado.
Un libro puede no tener una sola línea de código, pero aun así mejorar la forma en que un desarrollador piensa sus soluciones.
Una tradición que nos representa
Con el tiempo, regalar libros se volvió una especie de tradición interna y una forma de promover nuevas perspectivas, porque el conocimiento técnico está buenísimo, pero cuando se combina con ideas literarias, filosóficas o políticas, aparecen las conexiones más inesperadas.
Quienes visitan Grava cerca de fin de año, o en fechas de logros importantes, suelen encontrarse con la misma escena: alguien del equipo recibe un libro que le queda perfecto para ese momento de su recorrido profesional o personal.
Lo que importa no es el título, sino el gesto. El mensaje es claro: te regalamos conocimiento, te regalamos una perspectiva nueva, te regalamos algo que nos construyó a nosotros también.
Como bien dijo Neil Gaiman: “Los libros son fantásticos regalos porque tienen mundos enteros dentro de ellos. Y es mucho más barato comprar a alguien un libro que comprarle el mundo entero”.